No tuve el privilegio de tomar clases con Alejandro Rossi. Es más, a los 24 años yo no sabía quién era él y no tenía la menor idea de su importancia en el panorama de la filosofía mexicana. Debido a una decisión impulsiva, de la cual nunca me he arrepentido, decidí tomar un año de la carrera de filosofía la cual me dio la oportunidad de conocer a un par de profesores que cambiaron mi manera de ver las cosas: uno de ellos fue el Doctor Mark Platts.
Mark Platts dio un curso sobre pesimismo moral a mediados del 1994 en la Facultad de Filosofía y no me perdí ninguna de sus sesiones. Yo siempre ocupé la silla más apartada del salón del seminario porque el grupo de estudiantes de maestría en filosofía me intimidaba. Yo era apenas un intruso estudiante de licenciatura de inglesas que a la mitad de la carrera tenía muchas preguntas. Fue en ese seminario donde Platts me hizo descubrir la complejidad moral de los personajes de Conrad, el cinismo de Melville y la vitalidad necesaria de Derek Jarman. Tuve la fortuna de ser amigo de Platts al final de ese seminario y nuestra amistad nació para convertirse en un intenso intercambio de ideas (la verdad sea dicha, yo todo el tiempo lo escuchaba: casi tomaba apuntes de lo que me decía. Gracias a él leí a Canetti.)
Una tarde Platts me preguntó "¿ Conoces a Alejandro Rossi?”. Le respondí que no. “Es una pena. Pero no te preocupes. Lo conocerás hoy a la hora de la comida.” Si hubiera sabido de la importancia en ese momento de Alejandro Rossi seguro yo hubiera inventado cualquier pretexto para no ir a la comida pero mi bendita ignorancia me salvó.
Cuando llegamos al restaurante ahí estaba. Recuerdo claramente la efusividad con la que se saludaron. En ese momento me quedó claro que eran muy buenos amigos. Platts me presentó a Rossi y en cuestión de minutos yo estaba hablando con él sobre Borges. Desde ese día las palabras de Rossi han sido el mapa más benigno para disfrutar del escritor argentino. Su muletilla “¿no?” con la que terminaba sus frases me encantó de inmediato. Platts y Rossi hablaron más de dos horas sobre el tiempo que habían dejado de verse, sobre literatura, sobre los cuentos de Rossi (ahí me enteré que era escritor), sobre Karl Popper, sobre Londres y Florencia.
Tuvo que pasar mucho tiempo para que yo pudiera valorar ese encuentro. Nunca he tenido la claridad para saber lo afortunado que soy en tiempo presente. A veces creo que esos momentos nunca ocurrieron. A veces no sé por qué me ocurrieron a mí.
Ayer regresé a mi ejemplar firmado por Alejandro Rossi de su pequeño libro “Los sueños de Occam”. Recordé la tarde en que me lo firmó: “no me extraña saber que tienes la primera edición de este libro” me dijo.
La vida se encargó de hacer el resto. Alejandro Rossi murió el viernes. Hace mucho, pero mucho tiempo que no hablo con Mark Platts. Hoy, tengo la certeza, de que Mark recuerda a Alejandro con respeto y admiración. Yo extraño esos días.
1 Comments:
Gracias por este post. Es tan bueno cuando escribes...
Publicar un comentario en la entrada
<< Home