El discurso de Celan en Bremen, 1958
El poema,afirma Celan, siempre está en camino de un encuentro. Este discurso es un manifiesto breve de Celan. Transcribo la traducción de Jose Angel Valente en su libro Cuaderno de Versiones, pp 238-243, Galaxia Gutenberg, 2002
Pensar y agradecer (denken, danken) son en nuestra lengua palabras de idéntico origen. Abandonarse a su sentido es dejarse ir a la órbita de significación de acordarse, recordar, recuerdo, recogimiento (gedenken, eihngedenk sein, Andeken, Andacht). Permítanme manifestarles mi agradecimiento desde esa órbita.
El paisaje de donde vengo a su encuentro-¡por cuántos rodeos! ¿pero hay verdaderamente, un rodeo?-debería ser desconocido para la mayoría de ustedes. Se trata del paisaje donde tuvo nacimiento buena parte de esos cuentos hasídicos que Martín Buber volvió a contarnos a todos en alemán. Era, si se me permite completar este esbozo topográfico con algunos elementos que, desde la lejanía, reaparecen ante mis ojos, un territorio donde vivían hombres y libros. Fue allí, en esa provincia de la monarquía de los Habsburgo ahora ya salida de la historia, donde me llegó por primera vez el nombre Rudolf Alexander Schroeder con ocasión de la lectura de la Oda a la granada de Rudolf Borchardts. Allí tomo forma Bremen para mí, con las publicaciones de prensa de esta ciudad.
Pero Bremen, aproximada por los libros y por el nombre de quienes los escribían y los editaban, mantenía la resonancia de lo inaccesible.
Accesible, próxima y no perdida quedaba, en medio de todo lo que hubo de perderse, la lengua.
Quedaba la lengua, sí, salvaguardada, a pesar de todo. Pero hubo entonces de atravesar su propia falta de respuestas, atravesar un terrible mutismo, atravesar las mil espesas tinieblas de un discurso homicida. Atravesó sin encontrar palabras para lo que sucedía. Atravesó el lugar del Acontecimiento, lo atravesó y pudo regresar al día enriquecida por todo ello.
Es ése el lenguaje en el que, durante esos años y los años siguientes, he tratado de escribir mis poemas: para hablar, para orientarme, para conocer el lugar donde me encontraba y el lugar al que era llevado, para proyectarme en una realidad.
Era, como pueden ver, acontecimiento, movimiento, marcha, era la tentativa de hallar una dirección. Y cuando interrogo su sentido, me creo obligado a decirme que en esa cuestión habla también la cuestión del sentido del reloj.
Porque el poema no es intemporal. Plantea, ciertamente, una exigencia de infinito, trata de abrirse paso a través del tiempo (a través, no por encima).
El poema, en la medida en que es, en efecto, una forma de aparición del lenguaje, y por lo tanto de esencia dialógica, puede ser una botella arrojada al mar, abandonada a la esperanza-tanta veces frágil, por supuesto- de que cualquier día, en alguna parte, pueda ser recogida en una playa, en la playa del corazón tal vez. Los poemas, en ese sentido, están en camino: se dirigen a algo. ¿Hacia qué? Hacia un lugar abierto que invocar, que ocupar, hacia un tú invocable, hacia una realidad que invocar.
Tales son las realidades, creo, de las que el poema se ocupa.
Y creo que tales vías del pensar no sólo marcan mis esfuerzos, sino los otros poetas de una generación más joven. Son los esfuerzos de quien, sobrevolado de estrellas-obra humana-, expuesto en un sentido nunca antes previsto, y por lo tanto terriblemente al descubierto, va con todo su ser al lenguaje, herido de realidad y en busca de realidad.
Bremen 1958
...esta semana sólo he escuchado a Nick Drake....
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